SE HA IDO, PERO SE QUEDA, JOAQUÍN BENITO DE LUCAS

Emilio Porta, publicado en La Mirada Actual.

Un mayo, el mes que tanto amaba, se nos ha ido Joaquín. Pero se queda en su obra, en la memoria de los que le conocimos y en una trayectoria impecable de escritor, poeta, amante de lo suyo y de los suyos. Se nos ha ido un hombre que, desde pequeño, se enfrentó al destino. Que amaba a su ciudad, Talavera, a su país y a la Poesía. Que la ejerció con el mejor oficio. Que es uno de los grandes poetas españoles que alumbró el siglo XX. No voy a enumerar sus premios y reconocimientos. Tampoco sus libros, tantos y tan bellos, tan sentidos, tan auténticos. Aunque sí voy a citar su “Álbum de familia”, un libro que, cuando lo tuve entre mis manos y en lectura pausada, me emocionó hasta el límite.
Compañero en la Junta de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, de la que era Vicepresidente escritor, tengo algunos recuerdos inolvidables de alguna vez que vivimos recitales y encuentros, charlas o pequeños viajes de vuelta hasta su casa, tan cerca de El Retiro, tan al lado de la naturaleza que él amaba, aunque también en medio de la ciudad en la que vivió tantos años de su vida, Madrid. Madrid y Talavera, pero también Damasco y otros lugares en los que dejó su huella humana y literaria. Joaquín fue un ejemplo de curiosidad, aprendizaje, enseñanza (catedrático y maestro) y vida. Su homenaje en estas líneas sería interminable, tan lleno de caudal como el Tajo que fluía en sus venas, el río de su vida, discurriendo siempre desde unas raíces que le sustentaban hasta los sueños que le hacían volar.
En este último vuelo sus propias palabras nos dicen todo. Descansa en paz, Joaquín. No te olvidamos.

Yo no sé por qué tengo que estar triste.
El mar es grande, la esperanza espera,
el día se hace largo en los veranos
y las noches inventan nuevas formas de vida.
Pero hoy, es decir, esta mañana
del mes de mayo, cuando los rosales
dejan caer los pétalos
de su primera floración,
me acuerdo de la gente que se ha ido
–y es primavera- de los que dijeron
adiós y ya no están
como mis padres, como mis hermanos
y como yo que un día
no muy lejano cerraré los ojos,
dejaré descansar la pluma con que escribo
e iré a su encuentro. Temo
que no me reconozcan, que no sepan
quien soy, yo que he cantado su vida en muchos versos,
y su muerte también, que ellos no habrán leído.
Mas creo que podrán reconocerme
por el olor que deja cada lágrima
vertida en su memoria mientras estaban vivos.

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